martes, 7 de julio de 2020

LAS ESCUELAS TAURINAS

Gegorio Tebar “El Inclusero”




1-Las de antes...
Antes, no existían escuelas taurinas. Las escuelas eran literalmente las calles y los espacios abiertos. Consejos, conocimientos, y aprendizajes. Trabajos laborales, teníamos que ayudar en casa. Dureza, la misma que la vida en la que nos desenvolvíamos. Lo primero que te exigían a los novilleros sin caballos, era que aprendiéramos a embestir. A la vez que aprendíamos a llevar a cabo esta tarea, teníamos que poner todas nuestras «entendederas», para ir visionando la posición del torero, piernas, pecho, el brazo izquierdo, (ignorábamos que éste también torea) , los modos de pillar y utilizar capote y muleta etc...



Cuando aprendías a embestir, ya te permitían pegar algún muletazo a los mismos novilleros, ¡¡nos empapábamos literalmente de todo lo que veíamos!!. Por ser un alumno aventajado y saber embestir como un toro, según ellos, subías en el escalafón social taurino, te reclamaban los novilleros con picadores, para que les embistieses, algo tan importante, cómo que los mismos nos llevaban a las capeas de los pueblos cercanos a la capital, ¡¡a los más listos o a los más capacitados, nos daban cuartelillo!!. De este modo transcurrían los meses y los años. En las capeas, ante reses cornalonas y resabiadas que iban de pueblo en pueblo, lo que sacábamos eran volteretas, y alguna cornadita. Tengo también recuerdos inolvidables ¡¡dos muletazos a una "tia" en la capea más seria de la provincia, en Tibi!!...Competíamos entre los compañeros y amigos para ver cuál de nosotros era el más capacitado para ser torero. La palabra figura, no existía en nuestro vocabulario, sólo la de ser ¡¡toreros!!... Pd. los avíos de entrenar, los aportaban los novilleros, nosotros ni chavo...

2-Y las de ahora …

…Y cómo son ahora las Escuelas Taurinas?, cientos de alumnos acuden a ellas con el propósito de ser figuras, que no toreros, salvo excepciones; docenas de ellos, un escaso número, si dan la talla, aprenden y aprovechan sus posibilidades y ocasiones, logran destacar en el planeta de los toros, o sea, destacar en la profesión, la comodidad que imprime en el alumnado es uno de los motivos por los que se les ve poco implicados en dar todo de sí, dan el mensaje de no estar del carácter que debiera ser, el representar a su centro de enseñanza y ciudad. Cuando se les ve delante de becerras o novillos, parecen estar más pendientes de no mancharse y de que no les rompan los novillos los trajes, ¡eso sí, van a esos acontecimientos de “durse”!.

Dicen los aficionados ¡¡¡parece que todos son iguales!!! … y no les faltan razones, casi todos ellos admiran a las figuras. Actualmente no tienen entre ellas “toreros”, salvo contadísimas excepciones. Los que no tuvimos escuelas a dónde acudir, si tuvimos grandes toreros con los que aprender.

Tengo la impresión de que los alumnos no atienden ni al estilo ni a las formas de sus profesores, los ha habido y los hay muy cualificados. Este delicado tema de los profesores, tiene negativas repercusiones en los alumnos, creo que es mayormente tema de financiación de las mismas, los Ayuntamientos y Diputaciones, se arreglan con los profesionales de la localidad, sean novilleros, banderilleros o matadores y ex matadores, con escasos bagajes (amiguismo, enchufismo, etc, etc…).

La Escuelas Taurinas tendrían que funcionar con las mismas fórmulas que el mundo del fútbol, donde cada equis tiempo cambian de entrenadores y contratan a quienes se les supone y acreditan en sus historiales mayores logros profesionales y pedagógicos.


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